María, madre de los seminaristas

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Hace apenas un mes, la Virgen de los Ángeles bajaba a la catedral, un evento al que siempre ha asistido el seminario con la conciencia de tenerla como Madre. Y es que la importancia de María en la vida de todo cristiano es muy grande. Muchos de vosotros habéis tenido la experiencia de cómo actúa en nuestra vida, como verdadera Madre nuestra que es. Del mismo modo, María está especialmente presente en la vida de un seminarista. Os voy a compartir un poco cómo la he sentido junto a mí durante estos años de Seminario.

En primer lugar, fue María la que me dio el último “empujón” para entrar al Seminario cuando fui con mis amigos a Fátima, justo cuando me encontraba en un momento de dudas acerca de mi vocación.

Por otro lado, Ella me ha ido acompañando y dando fuerzas en los diferentes momentos y dificultades. Recuerdo de un modo especial una luz que me regaló el Señor el año pasado, cuando fui de visita a la Catedral de Toledo. Allí se encuentra una preciosa imagen de María vistiendo la casulla sacerdotal a san Ildefonso, y al verla pensé: “Esto es lo que María ha estado haciendo conmigo: vistiéndome, preparándome para ser sacerdote de su Hijo Jesús».

De este modo, María es también nuestra Rectora, es nuestra Formadora; está siempre pidiendo a Jesús que transforme el agua de nuestra debilidad, de nuestra pobreza, en el vino de su amor hacia la Iglesia. Nuestra tarea es la de los siervos de Caná: “Haced lo que él os diga”.

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