Pastores según Su corazón

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El mes de junio está siempre lleno de santos y solemnidades preeminentemente eucarísticas. La Iglesia nos regala en este mes poder seguir recogiendo todo el fruto pascual, que resplandece de modo singular en la Eucaristía. Gran signo de ella es el Costado traspasado de Cristo y la devoción al Corazón de Jesús.

Como cristianos, a nosotros seminaristas, esta devoción nos es valiosísima, pues nos coloca cara a cara con Jesucristo y nos hace contemplar nuestra vida como respuesta radical a su entrega. Nos hace sabernos compadecidos por Él y puestos delante de un Corazón vivo, que ama, que sufre y al que solo cabe responder con la consagración y la reparación. Así transformaremos la propia voluntad, poniéndola a disposición de la de Dios, queriendo vivir su misma vida.

Además, como hombres llamados a la misma vida de Cristo, el Corazón de Jesús es fuente, sentido y contenido mismo de nuestra vida en el seminario. Fuente, sin duda, pues es lo que nos alimenta. Sentido, ya que es el único criterio de nuestro ser y actuar. Y contenido porque es lo que tenemos que transparentar.

Resuena con fuerza la jaculatoria que tanto gustaba al P. Mendizábal: «Haz que, quien me mire, te vea».
Pedimos al Señor que la celebración de esta solemnidad sea fuente de verdadera renovación y sincero agradecimiento para que “ofrezcamos de veras nuestras personas y obras, en unión con Él, por la redención del mundo” (Oración del Ofrecimiento de Obras).

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